Titulo del fic: La historia de los gemelos MuraAka
Pareja: Murasakibara x Akashi
Anime: Kuroko no basket
Tipo: One-shot , M-preg, angst, Happy End.
Descripción: Akashi ha sido madre, pero hace tres años que no veía a sus pequeños hijos por diversos motivos.
Comentario: Bueno~~... esto fue escrito en un rol :'3 ... la verdad, yo hago de Akashi... y tenía que subirlo por que me partió el corazón escribiéndolo... y ya xD Me dan sus opiniones, es mi "primer" fic, realmente solo roleo, pero quise hacerlo c: sin mas, les dejo para leer ~~
Todo había pasado hace tiempo, ni siquiera podía recordar bien sus rostros, pero ahora ya podía hacerlo, después de 3 años y medio, por fin había ganado su custodia, el comienzo de ello fue en su embarazo, hace casi cuatro años por una noche de mera pasión con su gran amigo había quedado con dos hermosos seres en su interior, pero, realmente, aquello no era lo bueno al caso, estaba feliz, pero su familia no, después de que lo supiera, al primer mes, fue confinado a su hogar, una habitación parecida a una celda le fue dada, sin siquiera luz natural, solo con sus tres comidas al día y agua apenas necesaria, después de todo no podían arriesgarse a perder al heredero de aquella gran compañía como la era la de su familia, tenía un baño diario, y era tocado por miles de doctores, todos diferentes al anterior, después de todo, tenían que cuidar su embarazo, pero aquellos hombres, pobres hombres, eran asesinados apenas salían de la casa por "accidentes", no podían dejar que hablarán sobre aquella deshonra por su parte, había cometido un error, lo sabía, pero no se arrepentía, pero aunque era fuerte todo aquello le afectaba, no podía ver a su padre, aquel progenitor que tanto sentía orgullo, solo por que su madre no lo dejaba estar cerca suyo, el primer mes estuvo firme, ni siquiera su mirada cambiaba, se mantenía firme, inclusive se negó a hablar, pero cuando llegó el tercer mes, su estomago ya era mas visible, necesitaba un cambio de ropa, aquellas tres prendas que le fueron dadas ya no podían sostener aquel cuerpo que estaba cambiando, su cuerpo pedía mas calor, ya no podía aguantar aquel frío del invierno cercano en aquel frío lugar, por suerte tenía una cama, si no quizás que le pasaría, cuarto mes, cuarto mes que estaba dentro de aquel lugar, su cuerpo estaba delgado, apenas podía comer, su estomago devolvía todo lo que comía, ahora agregando aquellos gritos que su madre le daba cada día, "eres una morfa" "una anormalidad" "ya no eres mi hijo" cosas así poco a poco estaban destruyendo su mente, aquella mente que era tan fuerte se estaba haciendo añicos por aquel ambiente, apenas y podía sostenerse en su lucidez, "debo luchar, por mi y mis hijos" ya sabía que eran dos, pequeños gemelos crecían en su interior, el ultimo doctor se lo había dicho, pero realmente apenas podía y sostenerse por si mismo, extrañaba todo, extrañaba la realidad, extrañaba a aquel equipo de amigos que siempre rodeaba, extrañaba poder salir y ver la luz del sol que ya había olvidado. Sexto mes, su mente ya no estaba lucida, prácticamente era mantenido con suero, todo le parecía igual, ni siquiera podía pensar en nada, lo habían roto de una u otra forma, su madre lucía feliz de verlo tan sumiso, tan manejable para ella, nuevamente le habían dado ropa, la que ocupaba ya no le quedaba, así que todo el tiempo se mantenía en cama apenas comiendo la que las pobres criadas le ayudaban a comer, octavo mes, su peor estado, ni fuerzas para abrir sus ojos le quedaban, estaba muerto en vida, su realidad solo existía dentro de su estomago, aquel gran bulto que sobresalía del lugar, sus pocas fuerzas solo eran para pensar como salvar a esos chicos de aquella realidad rota de la que vivía. Principios del noveno mes, su embarazo estaba en peligro, una caída por un golpe por parte de su madre lo había llevado al borde de la vida, por ello en ese mismo lugar les fueron arrebatados, un medico especialista fue llevado, seguramente sobornado con dinero para que pudiera sacar a aquellos niños de su interior y matarlos, esa vez pudo ver, por primera vez pudo ver la realidad, el dolor de ser cortado, su madre quería castigarle, por ello le negó la anestesia amenazando al medico con quitar su vida si se la ponía, sentía su estomago ser cortado, el llanto de ambos seres de su interior, y como le fueron arrebatados de forma brusca de los brazos al medico por su madre, temía por ellos, rogó, por primera vez rogó en su vida, no quería que les hicieran daño. -¡Madre..! ¡no!, ¡no les hagas daño -gritó al ver a la mujer con un bisturí apunto de cortar el cuello de uno de sus hijos para matarlo, sus pocas fuerzas se hicieron presenté estirando su mano a su progenitora, pero parecía que ello funcionó, por que la mujer bufó molesta entregando el pequeño bebe a una de las sirvientas que miraba asustada la escena, estaba claro que vivirían, pero no sabía si podría verlos otra vez, después de ello perdió la conciencia, recuperándola nuevamente una semana después en su habitación, estaba en su habitación, sus brazos se encontraban amarrados con muchas agujas en ellos, no entendía que pasaba, hasta que sintió una punzada en su estomago recordando lo sucedido, comenzó a gritar, gritando desesperado por sus pequeños hijos, necesitaba verlos, necesitaba saber si estaban bien, solo necesitaba saber algo de ellos, pero nadie acudía, nadie llego a su llamado, podía sentir pasos por los pasillos corriendo lejos de su habitación, no supo nada, por un año estuvo encerrado en su habitación sin saber nada de nada, su estado iba de mal en peor, su madre fue a verlo varias veces pidiendo que comiera, cosa que se negaba a hacer mientras no le dijeran algo de sus hijos, un año y medio, a ese tiempo ya estaba muerto en vida nuevamente, era obligado a comer, le inyectaban a diario para poder mantenerlo con vida, en un momento de apiado, una sirvienta, pobre sirvienta, dio su vida a cambio de decirle algo sobre sus pequeños hijos, habían sido otorgados a una nana de leche desde su nacimiento, estaban vivos, pero encerrados en un calabozo de la gran mansión donde vivían, estaban saludables, pero, aquellos dos niños aun no decían nada, simplemente miraban a su pseudo abuela de manera fría llena de miedo por la mujer, al segundo año fue liberado, había luchado con todas sus fuerzas por ponerse bien, no pensaba dejar que todo pasara de aquella forma, de la forma que su madre, aquella madre que ahora odiaba, quería, pero las cosas no salieron como él quería, apenas se recuperó se enteró que sus hijos ya no estaban en su casa, los habían arrebatado de su lado, en un ataque de enojo atacó a su madre exigiendo verlos, pero ella había quedado muda al verlo de tal forma, nunca lo habían visto enojado, pero aquello no sirvió de nada, tomó el control de su hogar, su padre lo apoyó por primera vez en su vida arrojando a la calle a aquella anciana mujer que una vez amó con todo su corazón.
Tres años y medios, tres años y medio fue el tiempo que pasó entre su nacimiento y su reencuentro, reencuentro que ocurrió gracias al apiado de aquella mujer que creyó muerta, la recordaba, fue la sirvienta que había tomado a uno de sus hijos cuando habían nacido, aquella misma mujer volvió llorando con los dos pequeños a sus espaldas mirando asustados toda la inmensidad de su hogar, sin poderlo evitar rompió en llanto abrazando a los dos pequeños que sin saberlo lloraban con él, toda su pesadilla había terminado, ahora podía volver a vivir con ellos como una familia, solo tres años y medio después de su nacimiento.
Pareja: Murasakibara x Akashi
Anime: Kuroko no basket
Tipo: One-shot , M-preg, angst, Happy End.
Descripción: Akashi ha sido madre, pero hace tres años que no veía a sus pequeños hijos por diversos motivos.
Comentario: Bueno~~... esto fue escrito en un rol :'3 ... la verdad, yo hago de Akashi... y tenía que subirlo por que me partió el corazón escribiéndolo... y ya xD Me dan sus opiniones, es mi "primer" fic, realmente solo roleo, pero quise hacerlo c: sin mas, les dejo para leer ~~
Todo había pasado hace tiempo, ni siquiera podía recordar bien sus rostros, pero ahora ya podía hacerlo, después de 3 años y medio, por fin había ganado su custodia, el comienzo de ello fue en su embarazo, hace casi cuatro años por una noche de mera pasión con su gran amigo había quedado con dos hermosos seres en su interior, pero, realmente, aquello no era lo bueno al caso, estaba feliz, pero su familia no, después de que lo supiera, al primer mes, fue confinado a su hogar, una habitación parecida a una celda le fue dada, sin siquiera luz natural, solo con sus tres comidas al día y agua apenas necesaria, después de todo no podían arriesgarse a perder al heredero de aquella gran compañía como la era la de su familia, tenía un baño diario, y era tocado por miles de doctores, todos diferentes al anterior, después de todo, tenían que cuidar su embarazo, pero aquellos hombres, pobres hombres, eran asesinados apenas salían de la casa por "accidentes", no podían dejar que hablarán sobre aquella deshonra por su parte, había cometido un error, lo sabía, pero no se arrepentía, pero aunque era fuerte todo aquello le afectaba, no podía ver a su padre, aquel progenitor que tanto sentía orgullo, solo por que su madre no lo dejaba estar cerca suyo, el primer mes estuvo firme, ni siquiera su mirada cambiaba, se mantenía firme, inclusive se negó a hablar, pero cuando llegó el tercer mes, su estomago ya era mas visible, necesitaba un cambio de ropa, aquellas tres prendas que le fueron dadas ya no podían sostener aquel cuerpo que estaba cambiando, su cuerpo pedía mas calor, ya no podía aguantar aquel frío del invierno cercano en aquel frío lugar, por suerte tenía una cama, si no quizás que le pasaría, cuarto mes, cuarto mes que estaba dentro de aquel lugar, su cuerpo estaba delgado, apenas podía comer, su estomago devolvía todo lo que comía, ahora agregando aquellos gritos que su madre le daba cada día, "eres una morfa" "una anormalidad" "ya no eres mi hijo" cosas así poco a poco estaban destruyendo su mente, aquella mente que era tan fuerte se estaba haciendo añicos por aquel ambiente, apenas y podía sostenerse en su lucidez, "debo luchar, por mi y mis hijos" ya sabía que eran dos, pequeños gemelos crecían en su interior, el ultimo doctor se lo había dicho, pero realmente apenas podía y sostenerse por si mismo, extrañaba todo, extrañaba la realidad, extrañaba a aquel equipo de amigos que siempre rodeaba, extrañaba poder salir y ver la luz del sol que ya había olvidado. Sexto mes, su mente ya no estaba lucida, prácticamente era mantenido con suero, todo le parecía igual, ni siquiera podía pensar en nada, lo habían roto de una u otra forma, su madre lucía feliz de verlo tan sumiso, tan manejable para ella, nuevamente le habían dado ropa, la que ocupaba ya no le quedaba, así que todo el tiempo se mantenía en cama apenas comiendo la que las pobres criadas le ayudaban a comer, octavo mes, su peor estado, ni fuerzas para abrir sus ojos le quedaban, estaba muerto en vida, su realidad solo existía dentro de su estomago, aquel gran bulto que sobresalía del lugar, sus pocas fuerzas solo eran para pensar como salvar a esos chicos de aquella realidad rota de la que vivía. Principios del noveno mes, su embarazo estaba en peligro, una caída por un golpe por parte de su madre lo había llevado al borde de la vida, por ello en ese mismo lugar les fueron arrebatados, un medico especialista fue llevado, seguramente sobornado con dinero para que pudiera sacar a aquellos niños de su interior y matarlos, esa vez pudo ver, por primera vez pudo ver la realidad, el dolor de ser cortado, su madre quería castigarle, por ello le negó la anestesia amenazando al medico con quitar su vida si se la ponía, sentía su estomago ser cortado, el llanto de ambos seres de su interior, y como le fueron arrebatados de forma brusca de los brazos al medico por su madre, temía por ellos, rogó, por primera vez rogó en su vida, no quería que les hicieran daño. -¡Madre..! ¡no!, ¡no les hagas daño -gritó al ver a la mujer con un bisturí apunto de cortar el cuello de uno de sus hijos para matarlo, sus pocas fuerzas se hicieron presenté estirando su mano a su progenitora, pero parecía que ello funcionó, por que la mujer bufó molesta entregando el pequeño bebe a una de las sirvientas que miraba asustada la escena, estaba claro que vivirían, pero no sabía si podría verlos otra vez, después de ello perdió la conciencia, recuperándola nuevamente una semana después en su habitación, estaba en su habitación, sus brazos se encontraban amarrados con muchas agujas en ellos, no entendía que pasaba, hasta que sintió una punzada en su estomago recordando lo sucedido, comenzó a gritar, gritando desesperado por sus pequeños hijos, necesitaba verlos, necesitaba saber si estaban bien, solo necesitaba saber algo de ellos, pero nadie acudía, nadie llego a su llamado, podía sentir pasos por los pasillos corriendo lejos de su habitación, no supo nada, por un año estuvo encerrado en su habitación sin saber nada de nada, su estado iba de mal en peor, su madre fue a verlo varias veces pidiendo que comiera, cosa que se negaba a hacer mientras no le dijeran algo de sus hijos, un año y medio, a ese tiempo ya estaba muerto en vida nuevamente, era obligado a comer, le inyectaban a diario para poder mantenerlo con vida, en un momento de apiado, una sirvienta, pobre sirvienta, dio su vida a cambio de decirle algo sobre sus pequeños hijos, habían sido otorgados a una nana de leche desde su nacimiento, estaban vivos, pero encerrados en un calabozo de la gran mansión donde vivían, estaban saludables, pero, aquellos dos niños aun no decían nada, simplemente miraban a su pseudo abuela de manera fría llena de miedo por la mujer, al segundo año fue liberado, había luchado con todas sus fuerzas por ponerse bien, no pensaba dejar que todo pasara de aquella forma, de la forma que su madre, aquella madre que ahora odiaba, quería, pero las cosas no salieron como él quería, apenas se recuperó se enteró que sus hijos ya no estaban en su casa, los habían arrebatado de su lado, en un ataque de enojo atacó a su madre exigiendo verlos, pero ella había quedado muda al verlo de tal forma, nunca lo habían visto enojado, pero aquello no sirvió de nada, tomó el control de su hogar, su padre lo apoyó por primera vez en su vida arrojando a la calle a aquella anciana mujer que una vez amó con todo su corazón.
Tres años y medios, tres años y medio fue el tiempo que pasó entre su nacimiento y su reencuentro, reencuentro que ocurrió gracias al apiado de aquella mujer que creyó muerta, la recordaba, fue la sirvienta que había tomado a uno de sus hijos cuando habían nacido, aquella misma mujer volvió llorando con los dos pequeños a sus espaldas mirando asustados toda la inmensidad de su hogar, sin poderlo evitar rompió en llanto abrazando a los dos pequeños que sin saberlo lloraban con él, toda su pesadilla había terminado, ahora podía volver a vivir con ellos como una familia, solo tres años y medio después de su nacimiento.

